La microbiota intestinal influye en la fiebre que algunas personas sufren tras vacunarse. Un estudio publicado en Science con 171 adultos vacunados contra la COVID-19 muestra que quienes tuvieron más fiebre ya tenían antes bacterias intestinales con más flagelina, una proteína que activa la inflamación. Los anticuerpos no se vieron afectados.
En breve
- Qué se ha estudiado: la microbiota, la temperatura y marcadores inmunitarios de 171 adultos jóvenes sanos antes y después de recibir una vacuna de ARN mensajero contra la COVID-19.
- Qué se ha visto: la fiebre fue mayor en quienes ya tenían, antes de vacunarse, más genes bacterianos de flagelos y un estado más inflamatorio.
- Dieta: las dietas vegetales se asociaron a menos fiebre, y las ricas en grasa o alimentos procesados, a la microbiota ligada a más fiebre.
- Cautela: lo de la dieta es una asociación. Los autores dicen que no justifica cambiar la alimentación antes de vacunarse.
¿Por qué unas personas tienen fiebre tras vacunarse y otras no?
En parte, por el estado inflamatorio de partida que fija su microbiota intestinal. Esa es la principal conclusión de un trabajo internacional liderado por el Instituto Max Planck de Biología de Tubinga (Alemania), que se ha publicado en la revista Science.
La fiebre, el cansancio o los dolores musculares en los días siguientes a una vacuna son reacciones habituales y pasajeras: indican que el sistema inmunitario se ha puesto en marcha. Son más frecuentes con las vacunas de ARN mensajero y nanopartículas lipídicas, como las de la COVID-19. Pero su intensidad varía mucho de una persona a otra, y hasta ahora se sabía poco de por qué.
«Descubrimos que la microbiota intestinal influye en la intensidad de la reacción de las personas a la vacunación», explica Ruth Ley, directora del Departamento de Ciencia del Microbioma del Max Planck, en declaraciones recogidas por la agencia SINC.
¿Cómo se hizo el estudio?
El proyecto, llamado µHEAT, siguió a 171 adultos jóvenes y sanos que recibieron una vacuna de ARN mensajero contra la COVID-19 en 2021 y 2022. Los participantes se tomaron la temperatura con regularidad durante la semana anterior y la posterior a la vacuna, y entregaron muestras de heces, para analizar su microbiota, y de sangre, para medir marcadores inmunitarios.
El estudio, en datos
Participantes: 171 adultos jóvenes sanos (estudio µHEAT).
Vacuna: ARN mensajero contra la COVID-19, administrada en 2021 y 2022.
Mediciones: temperatura una semana antes y después, microbiota fecal y marcadores en sangre.
Experimentos de apoyo: ratones libres de gérmenes y ensayos in vitro.
Centros: Max Planck (Tubinga), Georgia State University, Institut Pasteur, Inserm, Universidad de Manitoba, UC San Diego y Universidad de Tubinga.
Revista: Science, octubre de 2026.
Para comprobar si la microbiota era causa y no solo acompañante, el equipo trasplantó la microbiota fecal de los participantes a ratones libres de gérmenes. Los animales que recibieron la de personas con mucha fiebre desarrollaron una inflamación más intensa tras la vacuna que los que recibieron la de personas con poca fiebre.
¿Qué es la flagelina y qué papel tiene?
La flagelina es la proteína que forma los flagelos, las «colas» con las que se mueven muchas bacterias, y el sistema inmunitario la reconoce como señal de alarma. La producen bacterias intestinales comunes, como algunas de la familia Lachnospiraceae, y también patógenos como Salmonella.
Antes de vacunarse, las personas que luego tuvieron más fiebre presentaban una mayor actividad de genes de movilidad bacteriana, sobre todo de los flagelos, y un estado de base más inflamatorio, visible en marcadores de sangre y de heces. En los ratones, el efecto dependía en parte de la capacidad del animal para detectar la flagelina.
La interpretación de los autores es que la estimulación microbiana crónica fija un «termostato» inmunitario de partida. «Nuestros resultados muestran que la flagelina microbiana es uno de los factores que contribuyen a ese estado inmunitario basal», afirma Ley. Sobre ese fondo, la vacuna desencadena en algunas personas una respuesta inflamatoria más fuerte. Es un ejemplo más de cómo los anticuerpos y la inflamación pueden ir por caminos distintos, algo que también se estudia en animales con sistemas inmunitarios peculiares, como los murciélagos.
La vacuna protege igual. Según la información difundida sobre el estudio, ni la flagelina, ni la inflamación de base, ni la dieta modificaron la producción de anticuerpos. La microbiota parece influir en los efectos secundarios, no en la protección.
¿Influye la dieta?
Hay una asociación, pero no está demostrado que cambiar la dieta reduzca la fiebre. Los participantes que declararon seguir dietas basadas en vegetales tendieron a tener menos fiebre. En cambio, comer menos alimentos vegetales integrales y más grasa o alimentos procesados se asoció a la microbiota vinculada a más fiebre.
Los experimentos de laboratorio apuntan en la misma dirección. En ratones, una dieta occidental rica en grasa aumentó la respuesta inflamatoria a la vacuna, y en cultivos, ciertos aditivos alimentarios hicieron que las bacterias intestinales produjeran más flagelina. «Algunos componentes de la dieta industrializada pueden favorecer el crecimiento de bacterias intestinales con flagelos», señala Benoit Chassaing, del Inserm y el Institut Pasteur.
¿Qué cambia para quien va a vacunarse?
Nada, de momento. Los propios autores lo dejan claro: «Nuestro estudio no aporta pruebas que justifiquen prescribir una dieta concreta antes de la vacunación», advierte Ley. Los datos de dieta son observacionales y reflejan la alimentación habitual, no cambios de unos días. Comprobar si modificar la dieta reduce los efectos secundarios exigiría un ensayo controlado en personas.
Tampoco tiene sentido hacerse un análisis comercial de microbiota antes de vacunarse: esas pruebas no están validadas para predecir reacciones. Además, el estudio se limita a un tipo de vacuna, a adultos jóvenes y sanos y a una muestra relativamente pequeña.
A largo plazo, los investigadores creen que actuar sobre la microbiota podría servir para reducir la inflamación posvacunal sin restar protección, y que unas vacunas con menos efectos molestos podrían ayudar a combatir la reticencia a vacunarse. El paso de un hallazgo así a una recomendación clínica sigue el camino habitual del desarrollo de cualquier intervención médica: primero ensayos, luego evidencias.
Preguntas frecuentes
¿Por qué da fiebre una vacuna?
Porque activa el sistema inmunitario, que libera sustancias inflamatorias. Es una reacción habitual y pasajera, más frecuente con las vacunas de ARN mensajero.
¿Es normal tener fiebre después de vacunarse?
Sí. La fiebre y el malestar en los días siguientes a una vacuna son reacciones habituales y pasajeras, que indican que el sistema inmunitario se ha activado. Suelen remitir en uno o dos días; si la fiebre es muy alta o se prolonga, conviene consultar.
¿Qué relación tiene la microbiota con la fiebre tras la vacuna?
Según el estudio, las personas con más bacterias intestinales productoras de flagelina y con un estado inflamatorio de base más alto tuvieron más fiebre tras vacunarse contra la COVID-19.
¿La microbiota reduce la eficacia de la vacuna?
No. Según la información del estudio, la flagelina, la inflamación y la dieta no modificaron la producción de anticuerpos.
¿Debo cambiar mi dieta antes de vacunarme?
No. Los autores insisten en que sus datos no justifican recomendar ninguna dieta antes de la vacunación. La relación con la dieta es una asociación que habría que probar en ensayos.
¿Qué es la flagelina?
Es la proteína que forma los flagelos con los que se mueven muchas bacterias. El sistema inmunitario la reconoce y puede responder con inflamación.
Fuentes y verificación
Publicado: 14 de octubre de 2026 · Hecho: estudio en personas (171 adultos, observacional) con experimentos de apoyo en ratones e in vitro, publicado en Science en octubre de 2026.
Fuentes: Huus et al., «The human gut microbiome primes fever after vaccination», Science (2026) · Sociedad Max Planck, vía Medical Xpress (9 de octubre de 2026) · Agencia SINC. La segunda declaración de Ley y la de Chassaing son traducción de Perkin a partir de la nota de la Sociedad Max Planck. Este artículo es informativo y no sustituye al consejo médico.