Un bloque de hielo de más de 76 kilómetros cuadrados —superficie comparable a la isla de Manhattan— se separó en agosto de 2026 de la lengua flotante del glaciar Petermann, en el noroeste de Groenlandia. Es el mayor desprendimiento glaciar del Ártico desde 2020. Semanas después chocó contra una isla rocosa sin romperse y continúa su deriva por el estrecho de Nares bajo vigilancia por satélite.

Vista aérea de una isla de hielo tabular separada del frente del glaciar por un canal de agua oscura, en un fiordo ártico con laderas rocosas nevadas

Qué ha ocurrido en el glaciar Petermann

El glaciar Petermann es uno de los mayores de Groenlandia y uno de los pocos que conserva una lengua de hielo flotante de decenas de kilómetros adentrándose en el mar. El 4 de agosto de 2026, Adam Garbo, doctorando en glaciología de la Universidad de Ottawa, detectó en imágenes de radar del satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea que una de las grietas que llevaba años avanzando por esa lengua había terminado de cortarla de lado a lado.

El resultado fue una isla de hielo: un iceberg tabular, de cima plana, con una superficie superior a los 76 kilómetros cuadrados y un espesor inferior a 150 metros en el momento de la ruptura. Curiosamente, el bloque resultó más pequeño de lo que los glaciólogos anticipaban, porque la grieta que finalmente cedió no fue la que estaba más avanzada tierra adentro.

Superficie: más de 76 km² (≈ 29 millas cuadradas), comparable a Manhattan.

Espesor: menos de 150 metros al desprenderse.

Detección: 4 de agosto de 2026, con radar Sentinel-1 (ESA).

Contexto: mayor desprendimiento glaciar del Ártico desde 2020.

Durante su primera semana a la deriva, la isla de hielo descendió por el fiordo Petermann a un ritmo aproximado de tres kilómetros diarios, empujada por las corrientes y el viento. Después giró hacia el suroeste y se incorporó al estrecho de Nares, el corredor marino que separa Groenlandia de la isla canadiense de Ellesmere y por el que circulan hacia el sur buena parte de los grandes bloques de hielo ártico.

Qué es una lengua flotante y por qué se rompe

Un glaciar como el Petermann drena hielo del interior de Groenlandia hacia la costa. Cuando llega al mar no se detiene: sigue avanzando y empieza a flotar, formando una plataforma alargada que puede extenderse decenas de kilómetros mar adentro. Esa lengua se adelgaza por arriba, por la fusión estival, y sobre todo por debajo, donde el agua oceánica relativamente cálida que circula en profundidad va derritiendo su base.

El desprendimiento de bloques —lo que en la literatura técnica se llama calving— forma parte del ciclo natural de cualquier glaciar de estas características: si no perdiera masa por el frente, crecería indefinidamente. La pregunta científica no es si se rompe, sino con qué frecuencia y con qué tamaño. El Petermann ya protagonizó desprendimientos históricos en 2010 y 2012, y el patrón que se observa desde entonces apunta a una lengua flotante más corta y más frágil que la de mediados del siglo XX.

El choque contra Joe Island

El episodio más llamativo llegó entre el 23 y el 24 de agosto de 2026, cuando la isla de hielo impactó contra Joe Island, un afloramiento rocoso situado cerca de la entrada del fiordo. Los satélites captaron la secuencia completa. La expectativa entre los especialistas era que un bloque relativamente delgado, ya debilitado por grietas, se partiera en varios fragmentos al golpear roca firme.

No ocurrió. El iceberg sobrevivió al impacto sin fragmentarse, pivotó sobre la isla y siguió camino hacia el suroeste. Para los glaciólogos, un episodio así funciona como un experimento no planificado: informa sobre la cohesión interna del hielo, sobre cómo se distribuyen las tensiones en un bloque tabular y sobre cuánta energía puede absorber antes de romperse. Son datos difíciles de obtener de otra manera, porque nadie puede provocar en un laboratorio la colisión de una masa de hielo de decenas de kilómetros.

¿Sube esto el nivel del mar?

Conviene ser preciso, porque es el punto donde más se distorsiona este tipo de noticias. El hielo desprendido ya estaba flotando, así que desplazaba su propio peso en agua: su separación del glaciar no añade, por sí misma, un solo milímetro al nivel del mar. El mecanismo preocupante es indirecto y se conoce bien.

La lengua flotante actúa como un tapón o contrafuerte que frena el hielo que todavía descansa sobre roca, tierra adentro. Cuando esa lengua se acorta, el freno se debilita y el hielo terrestre puede acelerar su avance hacia el océano. Ese hielo aporta agua nueva al mar. Por eso los glaciólogos no miden solo la superficie del bloque desprendido, sino la posición del frente de calving año tras año y la velocidad del hielo aguas arriba.

Tipo de hielo¿Dónde está?Efecto directo en el nivel del mar
Lengua flotanteSobre el agua, unida al glaciarNulo al desprenderse (ya desplazaba agua)
Hielo terrestreSobre roca, tierra adentroSí: aporta agua nueva al océano
Hielo marino estacionalSuperficie del océanoNulo; afecta al albedo y al clima

Las dos grietas que vienen detrás

Lo ocurrido en agosto no cierra el episodio. En la lengua flotante del Petermann permanecen abiertas al menos dos grandes grietas que llevan años progresando y que delimitan futuras islas de hielo de aproximadamente 94 y 84 kilómetros cuadrados. Ambas serían mayores que la que acaba de desprenderse. El glaciólogo Mauri Pelto, del Nichols College, y otros especialistas que siguen la zona dan por hecho que se separarán, aunque el calendario es imposible de fijar: puede ser cuestión de meses o de varios años, y depende de la temperatura del océano, del hielo marino que rodea la lengua y de la propia dinámica de la fractura.

Esa incertidumbre es, en sí misma, un objeto de estudio. Predecir cuándo cede una grieta en una plataforma de hielo sigue siendo uno de los problemas abiertos de la glaciología, y cada desprendimiento bien documentado —con su fecha, su geometría y su comportamiento posterior— sirve para calibrar los modelos que estiman cuánto hielo perderá Groenlandia en las próximas décadas.

Cómo se vigila un iceberg desde el espacio

El seguimiento combina dos tipos de mirada. El radar de apertura sintética de Sentinel-1, del programa europeo Copernicus, atraviesa las nubes y funciona igual de día que durante la larga noche polar, lo que lo convierte en el instrumento de referencia para vigilar el Ártico de forma continua. El sensor óptico OLI del Landsat 9, por su parte, aporta imágenes en color natural cuando hay luz suficiente, más intuitivas de interpretar y muy útiles para documentar episodios como el choque contra Joe Island.

La combinación de ambos permite reconstruir día a día la trayectoria del bloque, medir su velocidad, detectar fracturas incipientes y anticipar hacia dónde se dirige. Y hay una lectura más amplia en todo esto: la vigilancia de los glaciares polares depende hoy de una infraestructura espacial civil y de datos abiertos que cualquier investigador —incluido un estudiante de doctorado revisando imágenes un martes de agosto— puede consultar y analizar. Una parte considerable de lo que sabemos sobre el deshielo ártico proviene, literalmente, de ese acceso libre a los datos.

Preguntas frecuentes sobre el iceberg del glaciar Petermann

❓ ¿Qué tamaño tiene el iceberg desprendido?

Su superficie supera los 76 kilómetros cuadrados, una extensión comparable a la isla de Manhattan, y su espesor en el momento del desprendimiento era inferior a 150 metros. Se trata de una isla de hielo, es decir, un iceberg tabular de cima plana característico de las lenguas flotantes del Ártico.

❓ ¿Cuándo se produjo el desprendimiento?

El bloque se identificó el 4 de agosto de 2026 gracias a imágenes de radar del satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea. Lo detectó Adam Garbo, doctorando en glaciología de la Universidad de Ottawa, que sigue de forma continua la evolución de las grietas del glaciar.

❓ ¿Por qué es relevante el choque contra Joe Island?

Entre el 23 y el 24 de agosto de 2026 la isla de hielo chocó contra Joe Island, un afloramiento rocoso situado a la entrada del fiordo Petermann, y salió sin fragmentarse. Los especialistas esperaban que se rompiera, así que el impacto sirvió como prueba involuntaria de la resistencia estructural del bloque.

❓ ¿Este desprendimiento sube el nivel del mar?

No de forma directa. El hielo desprendido pertenecía a la lengua flotante del glaciar, que ya desplazaba su propio volumen de agua. El riesgo indirecto es otro: la lengua flotante actúa como freno del hielo que aún está sobre tierra firme, y si se acorta, ese hielo puede fluir más rápido hacia el mar y entonces sí aportar agua nueva al océano.

❓ ¿Habrá más desprendimientos en el glaciar Petermann?

Sí, es lo que anticipan los glaciólogos. En la lengua flotante siguen abiertas al menos dos grandes grietas que llevan años avanzando y que delimitan futuras islas de hielo de aproximadamente 94 y 84 kilómetros cuadrados. El cuándo es incierto, pero el proceso está en marcha.

❓ ¿Cómo se sigue el rastro de un iceberg así?

Con satélites. El radar de Sentinel-1 atraviesa las nubes y funciona también en la noche polar, mientras que el sensor óptico OLI del Landsat 9 aporta imágenes en color cuando la iluminación lo permite. Combinando ambos se reconstruye la trayectoria diaria del bloque, su velocidad y su fragmentación.


Fuentes y verificación

Publicado: 8 de septiembre de 2026 · Las dimensiones, fechas y trayectoria proceden de las observaciones satelitales publicadas por la ESA y el Observatorio de la Tierra de la NASA en agosto y septiembre de 2026.

Fuentes primarias: ESA — Sentinel-1 registra la pérdida de hielo del glaciar Petermann · NASA Earth Observatory — la isla de hielo sobrevive al choque con Joe Island · ESA — evolución de la lengua de hielo entre abril y agosto de 2026 · Phys.org — nueva isla de hielo en Groenlandia.

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